Crónicas de una terapeuta en autismo.
Cuando comencé este camino, jamás imaginé llegar a donde estoy ahora, ni logro dimensionar el impacto que ha tenido en mi vida ser parte de una comunidad tan diversa. Cada niño, niña, adolescente y adulto me ha mostrado aspectos de mí misma que ni siquiera había hecho conscientes, y me llena de curiosidad pensar cómo perciben el mundo desde su mirada. Hubo un tiempo en el que llegué a creer que yo también estaba dentro del espectro. Empecé a notar lo mucho que me molesta el ruido del carro camotero, el rechinar del unicel o del gis al tocar el pizarrón. Recordé lo profundamente que me calma mecerme en una hamaca o columpiarme, y lo mucho que detesto ciertos alimentos: las vísceras, los mariscos… incluso lo mal que me cae el plátano. Años atrás, me costaba mucho trabajo socializar. ¿Salir de fiesta o ir a un bar? Ni pensarlo. Ahora que lo he experimentado, entiendo que no fueron malas experiencias, pero sigo prefiriendo los planes tranquilos. Y pienso: ¿lo observé y lo aprendí, o simple...